PREGÓN DEL 75º ANIVERSARIO

El Pregón fué realizado por el Hermano Fundador de la Agrupación y Penitente de Honor D. Mariano Pérez Antón.

 

La lectura del Pregón la iba a realizar él mismo, pero debido a su reciente fallecimiento (27-3-2004), fue leído por su hijo y también hermano de la Agrupación D. Damián Pérez Olmos.

 

PALABRAS PRELIMINARES OFRECIDAS POR EL LECTOR DEL PREGÓN DEL 75º ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA AGRUPACIÓN DE LA SANTA AGONÍA

 

Queridos amigos:

 

Antes que nada quisiera expresar mi agradecimiento a la Junta Directiva y a toda la Agrupación de la Santa Agonía por la generosidad y la gentileza que tuvisteis al conceder a mi padre, Mariano Pérez Antón, la distinción de ser el Pregonero de este 75º aniversario de la fundación de nuestra Agrupación; y al concederle hace tan sólo unos momentos, a título póstumo y en mi persona, el Escudo de Oro de la Agrupación, que llevaré siempre con el mayor orgullo y cariño, y con toda la dignidad que merece esta condecoración.

 

Puedo aseguraros que preparó y escribió este Pregón con gran dedicación y sentido de la responsabilidad; y que le hacía una enorme ilusión estar hoy aquí entre todos nosotros pregonando los avatares de la fundación de esta Agrupación de la Santa Agonía a la que tanto quería y respetaba. Sin embargo, Dios ha querido que las cosas sean de manera distinta a como estaban previstas, y hace tan sólo 12 días mi padre ha dejado de estar entre nosotros. No obstante, alcanzó a escribir su Pregón, que dejó totalmente terminado, y que -por las circunstancias expuestas- precederé yo a darle lectura en su nombre; razón por la cual os quedo a todos, igualmente, muy agradecido.

 

Espero ser capaz de hacerlo como él lo hubiera hecho y transmitiros los mismos sentimientos que le inspiraron en su preparación. En cualquier caso, seré fiel, por completo, al texto que él escribió aunque, por razones obvias, algunos tiempos verbales y ciertas referencias o expresiones resulten hoy -lamentablemente- obsoletas.

 

Damián Pérez Olmos

Colegio del Patronato del Sagrado Corazón de Jesús

Cartagena, Jueves Santo, 8 de abril de 2004

 

PREGÓN DEL 75º ANIVERSARIO DE LA AGRUPACIÓN DE LA SANTA AGONÍA (MARRAJOS)

 

Ilustrísimo Hermano Mayor de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno (Marrajos), Distinguido Sr. Presidente de la Agrupación de la Santa Agonía, Vera Cruz de Cristo y Condena de Jesús, Ilustrísimo Sr. Hermano Mayor Honorífico de la Cofradía Marraja y Pregonero de la Semana Santa 2004, Sr. Presidente Honorario de nuestra Agrupación, Reverendo Sr. Capellán de la Cofradía, Sres. Presidentes de otras Agrupaciones Pasionarias de nuestra Semana Santa, estimadas Religiosas del Colegio del Patronato del Sagrado Corazón de Jesús, hermanos y hermanas de nuestra Agrupación, y amigos todos:

 

Hace unos meses, coincidiendo con nuestro Presidente en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, donde los dos hemos recibido los principios de nuestra fe, me abordó para recordarme algo que yo ya sabía: que en este año 2004 se cumplen los 75 años de la fundación de nuestra querida Agrupación de la Santa Agonía. En la conversación que mantuvimos me lanzó una propuesta -trasladándome el sentir, según me dijo, de los hermanos de la Agrupación- concretada en que fuese yo el pregonero de esta efeméride.

 

Me sentí muy honrado por tal invitación, aunque mi respuesta inmediata fue negativa, por no considerarme capacitado para ello, y más aún a mis casi 90 años de edad, con los que ya se han mermado facultades en todos los sentidos: principalmente pérdida de memoria y confusión, a veces, de tantos y tantos recuerdos de vivencias acumuladas durante los 78 años transcurridos desde que me siento y practico como "marrajo". Pero nuestro Presidente, con su acendrado cariño, insistió en lo que me proponía, quizás por ser yo el único de los fundadores de la Agrupación que aún vive y que está en activo como penitente. Y tratándose de lo que se trataba -y siendo uno fácil de convencer-, sin profundizar ni reparar demasiado en el compromiso que estaba contrayendo, acepté finalmente su propuesta.

 

Poco después, meditando el asunto, maduré su ofrecimiento y, con gran sentido "agónico", me pregunté: "si desde niño metiste el hombro en la fundación y desarrollo de esta Agrupación, ¿por qué ahora que tus hermanos te llaman nuevamente a colaborar, al final de tus años, vas a rechazar lo que como penitente fundador te honra?" Y, sin dudar, aunque contando con mis limitaciones físicas y emocionales, asumí el reto de pregonar hoy ante todos vosotros esta hermosa efeméride en su 75º aniversario.

 

No obstante, pido por anticipado mis disculpas por aquellas imprecisiones u omisiones que pueda cometer como consecuencia de la emoción que representa para mí este acto, en el que trataré de contaros, lo más fielmente que pueda, algunos datos y anécdotas de los primeros años -los fundacionales y los que siguieron a la fundación- desconocidos para vosotros por ser más jóvenes que yo.

 

Cuando tenía 12 años, celebrándose en la puerta del Ayuntamiento la reunión anual de los cofrades para lanzar la "llamada", anunciando la salida a la calle de las procesiones de 1926, me colé en medio de un grupo de personas -todos mayores que yo- entre los que recuerdo a Wenceslao Tarín, a Cleto Sanz y a José Romero, entre otros, y me fotografié con ellos como un cofrade más de la Cofradía Marraja. Ese fue el momento de mi primera toma de contacto con la Cofradía, y en el que se me imprimió el sentimiento de "procesionista marrajo" que a lo largo de los años he cultivado.

 

Conforme iba avanzando mi adolescencia, en mi tiempo libre y en mis paseos por la calle Mayor, donde la Cofradía tenía su sede social, me relacionaba con cofrades y echaba una mano en el almacén que la misma tenía en la calle del Adarve, donde se guardaba parte de su patrimonio. De este modo empecé a profundizar en la relación de amistad con Wenceslao Tarín, con Juan Jorquera del Valle, con los hermanos Manuel e Ignacio Ramón y otros; contacto que fue creciendo aún más porque también algunos de ellos eran, como yo, miembros de la Asociación de Hijos de María del Patronato del Sagrado Corazón de Jesús, nuestro querido Patronato de la calle Saura.

 

Con algo más de madurez empecé a pensar qué significaba para mí ser "marrajo" y entonces pude comprender que se trataba de un vínculo que me unía al Nazareno, Redentor del Mundo, que con su cruz al hombro carga con cuantas infidelidades vive la Humanidad; y, en consecuencia, convivir con personas de la Cofradía Marraja afianzaba mi fe y mi sentimiento de procesionista al servicio de esta Hermandad de nuestra Semana Santa.

 

Con estos sentimientos y este compromiso, transcurridos tres años, y por pertenecer a la citada Asociación Mariana, me convertí en uno de los que proclamarían más tarde ser de la Agrupación de la Santa Agonía, tras su fundación.

 

Muchos compañeros de la Asociación de Hijos de María del Patronato supimos que, mientras desfilaba la procesión de la madrugada del Viernes Santo, aquel dichoso 29 de Marzo 1929, por la Plaza de la Merced -el Lago, para los castizos-, donde se encontraba la Casa de Expósitos y la Comunidad de las Hijas de la Caridad y de San Vicente de Paul, la Superiora de dicha Casa y del Colegio del Patronato, Sor María Mailhan y Pagés, de nacionalidad francesa, persona emprendedora e inquieta donde las hubiera, al contemplar la procesión desde el balcón le vino la idea de que los Hijos de María formasen un tercio marrajo que acompañara a un Cristo crucificado; eran años en los que empezaban a proliferar en nuestra Cofradía nuevos tercios y pasos, que describirían las distintas escenas de la Pasión del Señor, sustituyendo a los grupos de militares, que eran los capirotes de entonces.

 

Esa misma Semana Santa, la religiosa se puso al habla con D. Juan Muñoz Delgado, que era Primer Comisario General de la Cofradía Marraja, y le propuso su idea, la cual acogió de buen grado y se la expuso al entonces Hermano Mayor, D. Juan Antonio Gómez Quiles, el cual, con interés y acierto, aprobó su fundación en Mayo de 1.929 con el nombre de Agrupación de la Santa Agonía, integrada en la Cofradía Marraja, que desfiló por primera vez el Viernes Santo de 1930 -un 18 de Abril-, formando parte de la procesión del Santo Entierro, y portando la imagen de Cristo crucificado, atribuida al escultor Montañés, que se veneraba en la Capilla del antiguo Penal Militar, luego Cuartel de Instrucción de Marinería de Cartagena.

 

La primera vez que la imagen de Cristo agonizante salió en procesión lo hizo sobre un trono de la Cofradía, construido en Cartagena en los talleres Ferrer, de la calle Arco de la Caridad. Era un trono de pequeñas dimensiones, pero con tres alturas; la última en forma de monte, donde se ubicó la imagen; la de en medio, de madera calada decorada en pan de oro, con un escudo en su frontal que representaba un cáliz dentro de un óvalo del que salían varios rayos, embrión del que es hoy nuestro emblema, y con cuatro cartelas en sus esquinas, de hierro forjado con al menos 15 tulipas de luz cada una y unos colgantes de cristal que tintineaban rítmicamente con el movimiento del trono; el piso inferior era de madera oscura, totalmente liso, y alojaba los cuatro varales, en los que 25 portapasos metieron el hombro.

 

En el acontecimiento fundacional y en el primer año de nuestra trayectoria nos involucramos un buen número de amigos y compañeros "marrajos" y algunos -curiosamente- "californios", también Hijos de María del Patronato, que, entusiasmados por la iniciativa, compusimos el primer tercio de la Agrupación, con 35 penitentes y tres comisarios.

 

Sería largo nombrar la nómina completa del primer tercio, y descortés, por mi parte, omitir a alguno de los hermanos, por lo que os remito a las actas y archivos documentales de la Agrupación, donde constan los nombres de todos ellos; pero no puedo dejar de resaltar aquí, en honor a todo ese equipo de personas entusiastas y emprendedoras, el espíritu de amistad y entrega que reinaba entre nosotros, capaz de hacer realidad las ilusiones y de remover todo tipo de obstáculos para lograr nuestros objetivos. Desde aquí, mi respeto más profundo a todos ellos, con admiración y amistad.

 

Así, queridos amigos, se fundó lo que ya dura 75 años, habiéndose sucedido a lo largo del tiempo numerosos avatares que, como buenos "marrajos" y buenos "agónicos", hemos sabido superar hasta llegar al momento en el que hoy felizmente nos encontramos.

 

En el arranque de la Agrupación se constituyó una primera Junta Directiva, nombrando Presidente a Joaquín Dato, Vicepresidente a Manuel Ramón, Secretario a Juan Ramón Vera, Tesorero a Pedro Valero y como Vocales a Ignacio Ramón y a Alberto Lluch; se redactaron pronto los primeros Estatutos de la Agrupación y su Reglamento de Orden Interno y se fijó una cuota personal de un real al mes (o sea, 25 céntimos de las antiguas pesetas), a fin de sufragar los gastos que fueran presentándose.

 

En 1931 cesó como Presidente Joaquín Dato, debido a que por su profesión residía en Madrid, haciéndose cargo de la presidencia Manuel Ramón, quien consiguió que el Viernes Santo de 1932 desfilásemos ya con nuestros primeros hachotes, de los talleres de Martínez Guillot, que eran metálicos, con su parte superior de bronce fundido y rematados por una luz; en dos de sus caras llevaban a relieve el escudo de la Agrupación y en las otras dos, la faz de Cristo, estando su parte alta rodeada de ciertos adornos y rematada, como he dicho, por un portavelas de luz eléctrica; en el tubo de la parte inferior del hachote se alojaba el mosquetón con el que nos enganchábamos al cable de la corriente.

 

Creo recordar que, en nuestras primeras procesiones tras la fundación, el vestuario que vestimos fueron unas túnicas de terciopelo y capuces de raso morados, con un cordón blanco, cedidos por la Cofradía, que anteriormente se prestaban a reclutas del Ejército que salían en procesión acompañando o portando las imágenes existentes; utilizábamos sandalias negras y calcetines y guantes blancos; más tarde, pudimos llevar capa de raso con bordado del escudo de la Agrupación en seda amarilla; en el año 1934, el capuz pasó a ser negro, para distinguirnos del vestuario -todo morado- del Jesús, cuando empezó a salir en la procesión del Viernes Santo, pues hasta ese momento, la Agonía encabezó la procesión del Santo Entierro, con nuestro Cristo crucificado como primer paso, tras los Granaderos.

 

No nos fue posible disponer de vestuario definitivo hasta bastante después -allá por los años 50- tras diversos cambios de tejido y de colorido, para diferenciarnos bien otras Agrupaciones más antiguas, como la del Descendimiento, momento en el cual la Agrupación decidió para su vestuario el tejido de raso en los colores morado y blanco que la caracterizan, con sandalias negras, calcetines blancos y guantes negros, en señal de luto, estando bordados en hilo de oro el escudo de la Agrupación sobre las capas, y añadiéndosele más tarde un fajín blanco también bordado en oro.

 

Con toda modestia os diré que me honra haber contribuido también, dada mi afición al dibujo, a los diseños de los bordados de distintos vestuarios de la Agrupación y de sus sudarios, galas o guiones, junto con otros diseñadores como Rafael Puch, Pepe Ramón Ballesta o Balbino de la Cerra, cuyos dibujos transformaban después en joyas del bordado las manos de Antonia de Valero, Consuelo Escámez, Anita Vivancos o Isabelita Manrubia.

 

En 1932 falleció Sor María Mailhan, impulsora de nuestra Agrupación, lo que supuso una gran conmoción y sentimiento de orfandad para todos nosotros, sentimiento que transformamos en fuerzas renovadas para seguir adelante con nuestra empresa. Transcurriendo el tiempo con bastantes dificultades económicas, y siendo muchos de nosotros aficionados al teatro, organizábamos funciones teatrales en el local de Los Tarsicios, en la Cuesta de la Baronesa, con personal de la Agrupación y del Colegio del Patronato, bajo la dirección de Manuel Ramón, y nuestras mujeres vestían también muñecas para las tómbolas populares o para vender por el Día de Reyes; todo lo cual nos reportó algún beneficio económico durante unos cuantos años, consiguiendo mantenernos en pie hasta el año 1936, año en que comenzó la Guerra Civil.

 

Los años de la Guerra Civil supusieron un duro golpe para la Agrupación, pues desapareció buena parte de nuestro patrimonio, en concreto la imagen y el vestuario. Otros enseres, sin embargo, aparecieron posteriormente, sin saber muy bien cómo, en la Casa de Misericordia; algún alma caritativa debió proteger esa parte de nuestro escaso pero costoso patrimonio. Por mediación de algunos hermanos de la Agrupación, como Santiago Mediano y Fulgencio Angosto, conseguimos recuperar en otros lugares algunas túnicas moradas y algunos capuces negros que, aunque se encontraban muy deteriorados, nos permitieron vestir al tercio el primer Viernes Santo tras la Guerra Civil, ya en 1940. También aparecieron dos capas de raso de la Agrupación con su bordado en seda; éstas se restauraron lo mejor que se pudo y se transformaron en un sencillo sudario montado sobre una cruceta de tubos de cortinas, aprovechando las partes bordadas de las capas, a las que se les añadió un fleco dorado por sus bordes.

 

Este improvisado pero ingenioso sudario, que costó 7'50 pesetas y se vendió años después a Rojales por 750 pesetas, encabezó nuestro tercio, vestido como ya he explicado, en su primera procesión tras la guerra, en la cual desfilamos con el Cristo crucificado que hoy se venera en la Iglesia de la Caridad, por haber desaparecido el anterior durante la contienda.

 

Hasta la consolidación definitiva de nuestra Agrupación, tras su reorganización después de la guerra, en la que se constituyó una Comisión Gestora -encabezada por Manuel Ramón- que diera paso a nueva Junta Directiva, se sucedieron diversas de ellas presididas por Wenceslao Tarín, que ostentó dicho cargo durante muchos años, hasta su muerte el 1973. En algunas de tales Juntas Directivas un servidor ocupó los cargos de Secretario, Tesorero y Vocal, alternándose en algunos cargos con otros buenos amigos como Alberto Lluch o Federico Gálvez.

 

En 1.941 la Directiva consideró la posibilidad de destacar la relevancia de una mujer muy vinculada a nuestra Agrupación, y se decidió nombrar madrina de la Agrupación a María Luisa Bretau de Tarín. Desde entonces, todos los Jueves Santos por la tarde nos desplazábamos a su domicilio, donde amablemente la madrina nos invitaba a empanadillas de atún y vino de Jerez, acto éste que ya se cuenta como tradición en nuestra Agrupación y que se celebra cada Jueves Santo -actualmente por la mañana- en el Colegio del Patronato y que es ofrecido por la Agrupación a todos sus penitentes y simpatizantes, como encuentro para la convivencia antes de desfilar en nuestras procesiones.

 

No fueron realmente malos los años cuarenta para nuestra Agrupación, pese a las dificultades propias de la época, pues se produjeron algunas donaciones, siempre reconocidas, que mejoraron notablemente su patrimonio. En el año 1941, la madrina obsequió a la Agrupación con un sobrio sudario bordado en plata sobre terciopelo negro por Consuelo Escámez, de acuerdo con el diseño y dibujo realizado por un servidor, con el que desfilamos muchos años, que más tarde sirvió como sudario de la Vera Cruz; y que hoy se utiliza, cada Sábado de Pasión, para encabezar el cortejo del traslado de nuestro Cristo de la Agonía desde su sede actual -este querido Colegio del Patronato- hasta la Iglesia de Santa María de Gracia.

 

En la actualidad, y desde 1965, nuestra Agrupación luce un hermoso sudario calado con filigranas bordadas en oro sobre terciopelo blanco y con una cruz central en terciopelo morado, sobre la que va también bordado en oro nuestro emblema; su diseño se debe al recientemente fallecido Balbino de la Cerra, amigo procesionista donde los hubiera, aunque "californio" hasta la médula; y el trabajo de bordado a Anita Vivancos. Al hilo de este asunto hay que señalar que en la Agonía tan buenos como los sudarios han sido y son los sudaristas, lo que nos ha permitido, desde antiguo, desfilar con elegancia, con nuestro característico paso largo y colocando siempre el tercio completo en cada calle del recorrido.

 

En 1.943 estrenó la Agrupación una nueva imagen de Cristo crucificado, nuestro Cristo de la Agonía actual, obra en madera policromada del escultor catalán Carlos Flotats, donada por el industrial cartagenero D. Juan Magro Espinosa, hermosa talla de tamaño real y de un realismo sin igual, que representa a Cristo entregando su alma a Dios, con los ojos elevados al cielo; recientemente ha sido restaurada y embellecida. El mismo industrial donó en 1.950 nuevos hachotes para la Agrupación, los cuales iban destinados a Crevillente, pero por una buena estrategia de nuestro Presidente, se logró que Magro nos donara los nuevos a nosotros, enviándose a Crevillente los nuestros antiguos. Los hachotes donados por el empresario, tras la necesaria renovación de sus plateados y una complicada reforma de su diseño y de su iluminación, lucen hoy día en nuestra procesión del Viernes Santo. En agradecimiento por sus donaciones, la Agrupación nombró al Sr. Magro Penitente de Honor, como testimonio de gratitud y de afecto, y le obsequió con un pergamino que yo mismo dibujé a plumilla. También estrenamos en 1943 el nuevo vestuario con bordados descrito anteriormente, por lo que no me detendré ya en él.

 

En lo que a la música se refiere, diré que desde los comienzos desfilábamos con bandas contratadas que interpretaban marchas pasionarias diversas, más o menos conocidas, hasta que en 1946 desfilamos por primera vez a los sones de una marcha propia -"Santa Agonía"- compuesta por nuestro músico cartagenero y amigo D. José González, por encargo de la Agrupación; marcha que acompaña hoy en día a nuestro tercio y Titular cada Viernes Santo. Otras marchas de gran belleza se han escrito después, por creación de nuestro querido Maestro Torres Escribano, para nuestras Agrupaciones filiales de la Vera Cruz y de la Condena de Jesús. Y hay que señalar en este apartado que, desde siempre, nuestra Agrupación ha contado con bandas y directores de reconocido prestigio para acompañarnos en los desfiles.

 

En Junta General de Mayo de 1946, el Presidente, pensando ya en la adquisición de un nuevo trono para la Agrupación, me propuso para formar parte de una comisión que estudiase el proyecto de su construcción; y, con gran esfuerzo económico, logramos que el nuevo trono estuviese listo para desfilar al año siguiente, en 1.947; dicho trono, de mayores dimensiones que el anterior y ampliado posteriormente gracias a la intervención de la esposa del entonces Almirante del Arsenal, Sr. Fernández de Bobadilla, a quien se distinguió como Madrina de Honor, fue construido por la casa Prados López, de Granada, y gustó mucho por sus tres pisos en madera de caoba, sus tallas doradas ornamentales y sus cartelas de bronce. También fue portado a hombros por 40 portapasos hasta 1952, que empezó a salir con chasis de ruedas. La apretura económica que supuso esta adquisición se superó mediante un llamamiento a la captación de nuevos socios para la Agrupación, lo que incrementó el número de hermanos de la misma y nos permitió seguir afrontando nuevos retos.

 

Pero los descritos no han sido los únicos tronos de nuestra Agrupación. Desde que se compró hace más de treinta años, nuestro trono actual es totalmente metálico, se construyó en la casa Orrico, de Valencia, en estilo gótico, con bronce plateado y dorado, y con una estructura de dos pisos sobre los que destaca el monte de la cruz, que suele presentarse floreado. El contorno del primer piso está rodeado de capillas con relieves representativos de las 14 estaciones del vía crucis y de los escudos de la Agrupación y de la Cofradía en su frontal y su respaldo, respectivamente. El contorno del segundo piso está decorado con relieves de escenas de las siete últimas palabras de Cristo y el emblema de la Virgen de la Amargura en el frontal; en sus cuatro esquinas destacan sus bellas cartelas soportadas por ángeles corpóreos, realizadas en plata labrada con numerosas tulipas de color miel, contándose hasta 112 puntos de luz. Además, diez artísticas ánforas para colocar los adornos florales flanquean sus pisos. Con Cristo crucificado en lo alto se convierte en el elemento esencial de nuestro desfile pasional y en el centro de todas las miradas, pues se trata de un trono de gran riqueza arquitectónica, artística y decorativa, que destaca majestuosamente las imágenes y gusta mucho en la procesión, por lo que, en mi modesta opinión, habría que conservarlo aunque ahora nos planteemos sacarlo de nuevo a hombros.

 

En 1.950, tras la intervención de algunos socios benefactores, se incorporó al trono, ya ampliado, la imagen de una Virgen Dolorosa, propiedad de la Cofradía, obra del escultor Sánchez Lozano, y réplica exacta de la de Salzillo, que acompañó al Cristo durante 13 años.

 

La iniciativa resultó muy elogiada, por lo que se hacía necesario adquirir una imagen propia y definitiva, que fue encargada por nuestro Presidente al escultor alicantino Efraím Gómez, en memoria de su hija Carmen Tarín Bretau: una imagen de la Virgen, en el trance amargo de la Madre presenciando la muerte de su Hijo en la cruz, Nuestra Señora de la Amargura, la cual donó Tarín en propiedad a la Agrupación y se estrenó en 1964. En la actualidad, la imagen se presenta tocada por una corona y ha sido recientemente restaurada.

 

También en 1953, por cierta mejora económica, se estrenaron las potencias y corona de espinas del Cristo y los remates y el INRI de la cruz, obras del orfebre valenciano Vicente Segura, ornamentos todos ellos que embellecen por completo la imagen de nuestro Titular.

 

Con la natural satisfacción celebramos en 1.954 las Bodas de Plata de nuestra Agrupación, elaborándose un pergamino conmemorativo que fue ampliamente distribuido, por lo que alcanzamos un gran reconocimiento popular. El Viernes Santo de ese año, con tal motivo, se estrenaron los guiones bordados de las Siete Palabras, abriendo el cortejo delante del sudario; y a petición del Presidente, algunos penitentes del tercio, entre los que nos encontrábamos mis buenos amigos Alberto Lluch, Santiago Mediano, Fulgencio Angosto, Federico Gálvez y un servidor, desfilamos delante del trono vistiendo el traje de nazareno.

 

Como dato anecdótico, y en calidad de Tesorero que fui, os puedo decir que en el momento de las Bodas de Plata el saldo en la cuenta de la Agrupación ascendía a 3.347 pesetas, lo cual nos permitió seguir avanzando de modo imparable hasta hoy día, ampliando nuestras miras y pasando, con el tiempo, de ser la Agrupación de la Santa Agonía a ser la Agrupación de la Santa Agonía, Vera Cruz de Cristo y Condena de Jesús, por adición de nuevos tercios y tronos, con magníficos ajuares y de igual riqueza, que nos representan en todas las procesiones "marrajas" y que han dado cabida a nuevas promesas de jóvenes, hombres y mujeres, en el seno de nuestra Hermandad, lo que nos ha llevado a ocupar en la Cofradía Marraja un lugar destacado, pues no en vano los "agónicos" tenemos amplitud de miras y gran tesón, aunque -por qué no reconocerlo- resultara influyente la ayuda del Nazareno cuando nos concedió un golpe de suerte en aquel sorteo de la Lotería Nacional en el que fuimos agraciados, por nuestro número ya clásico 23.784, y salimos fortalecidos.

 

Notable ha sido siempre en nuestra Agrupación la participación femenina, pues las mujeres han luchado por ella a la par que los hombres, acercando recursos, ofreciendo apoyos, cuidando detalles o desfilando en procesión. No podía ser de otro modo: nuestra Agrupación tenía que sacar un tercio femenino con todo su esplendor y crear una Junta de Damas acompañantes de nuestro Titular, con los que reconocer el esfuerzo denodado de tantas mujeres entusiastas. Desde aquí, mi admiración y recuerdo emocionado a cuantas ya no están entre nosotros y mi reconocimiento hacia todas las presentes.

 

Para no alargar mi intervención y no cansaros demasiado, pues 75 años de andadura no se explican en poco tiempo, he querido ceñirme a los hechos y los datos de los 25 primeros años de nuestra trayectoria, los que por ser yo el más viejo pudiera revelaros mejor, con referencias al tiempo presente, conocido ya por todos. Mas no quisiera acabar este pregón sin un reconocimiento especial para quienes tuvieron la iniciativa de crear la Agrupación, como Sor Mailhan, para quienes la acogieron y formalizaron, como D. Juan Muñoz Delgado y D. Juan Antonio Gómez Quiles, para quienes con empeño y sin descanso la han dirigido, como nuestros queridos amigos Joaquín Dato, Manuel Ramón, Wenceslao Tarín, Enrique Vázquez Presedo, Pepe Ramón Ballesta y Gregorio Saura Vilar, y para todos aquellos Directivos, desde cualquier cargo y posición, penitentes honoríficos, penitentes distinguidos o de a pie, hombres y mujeres que, desde la presencia o desde el anonimato, han dedicado su mayor esfuerzo al desarrollo y engrandecimiento de esta Agrupación, de la que nos sentimos orgullosos los que ya no están y los que aún estamos presentes.

 

Y, por último, no quiero dejar de destacar la labor encomiable de quienes hoy estáis al frente de nuestra Agrupación, venciendo dificultades de toda índole, organizativas o económicas, impulsando nuevas iniciativas, gestionando nuevos proyectos, sentando, en definitiva, las bases de otro largo futuro para la Agrupación de la Santa Agonía, Vera Cruz de Cristo y Condena de Jesús, lo que confirma el tesón y el dinamismo de sus componentes. En este sentido, permitidme un ruego, desde esta oportunidad que me habéis ofrecido: que conservéis siempre y por encima de todo el espíritu fraternal que desde 1929 ha reinado en nuestra Agrupación, inspirándose en auténticos valores cristianos, así como la plena integración en el seno de nuestra Cofradía, respetando sus principios, participando en todos sus actos y colaborando estrechamente en cuantos proyectos tiene emprendidos, como la Fundación Marraja o el Hogar Betania, iniciativas modélicas que transcienden los límites de la Cofradía abriéndose al ámbito cultural y social y al interés de los más necesitados.

 

Por todo ello, quiero felicitaros a todos y cada uno, por vuestro trabajo, por vuestro afán y por vuestro amor a la Agrupación, que es la mejor garantía de continuidad de aquella obra que hace 75 años iniciamos unos pocos con tanta ilusión como la vuestra y con los mismos deseos de contribuir al enriquecimiento de nuestra Semana Santa y de Cartagena.

 

Y para que esta hermosa y ejemplar Agrupación dure muchos años más y alcance larga vida, engrandeciendo a nuestra sin par Cofradía Marraja, siempre al amparo del Cristo de la Santa Agonía, os pido que alcéis vuestras voces junto con la mía respondiendo a un ¡Vivan los Marrajos! ¡Viva la Agonía!. Muchas gracias a todos y feliz aniversario.

 

Mariano Pérez Antón. Pregonero del 75º Aniversario.

Penitente Fundador y Honorífico de la Agrupación.

Comisario General de la Cofradía Marraja.

Cartagena, abril de 2004.

AGRUPACIÓN SANTA AGONÍA, VERA CRUZ Y CONDENA DE JESÚS